La sartén empezó a calentarse mientras Andrés abría la ventana. Afuera se oían los carros pasar y un vendedor ambulante gritando en la calle.
Era una noche tranquila, pero la cocina estaba llena de pequeños sonidos: el golpe del cuchillo sobre la tabla, el aceite calentándose, el chasquido del encendedor de la estufa.
Andrés recordaba a su abuela cocinando en esa misma cocina años atrás. Ella siempre decía que las recetas empezaban con los aromas.
Cuando la sartén estuvo lista, agregó la carne y las verduras. El sonido fue inmediato:
shhhh…
Luego tomó un empaque de Pasta de Cebolla Larga y añadió un poco a la preparación.
El olor llenó el aire.
Por un instante cerró los ojos.
Era exactamente el mismo aroma de la cocina de su abuela.
En su memoria todavía escuchaba su voz:
—Mijo, cocinar es fácil.
Solo hay que empezar con buen sabor.
Andrés sonrió mientras revolvía la sartén.
Algunas recetas nunca se pierden.


